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Reseña

Voces del silencio y Tres veces te perdí

Autor: Luz María Garza y Josefa Villanueva

Contra el olvido

Daniel de la Fuente

Hojeando, El Norte, 29 de agosto de 2026

Hay libros que reconstruyen el pasado y otros que intentan impedir que desaparezca. Voces del silencio, de Luz María Garza (Monterrey, 1962), y Tres veces te perdí, de Josefa Villanueva (Aramberri, Nuevo León, 1966), llegan por caminos distintos a un territorio común: la memoria familiar y las preguntas que surgen cuando queremos saber quiénes fueron realmente quienes nos precedieron.

La novela de Garza, publicada por el Fondo Editorial Nuevo León y la UANL, comienza con una investigación genealógica. Marián, profesora de literatura, consulta los archivos de la Catedral de Monterrey siguiendo el rastro de sus antepasados sefardíes. Encuentra nombres, parentescos, nacimientos, matrimonios y muertes. Puede armar un árbol genealógico, pero no una vida.

De esa insuficiencia nace la novela. ¿Quiénes fueron esas mujeres, además de esposas, madres o hijas de alguien? Garza se desplaza hacia la historia de Ana María, Socorro y Gertrudis, y hacia un siglo 19 en el que los grandes acontecimientos mexicanos conviven con otra historia menos visible: la de quienes se enamoran, cocinan, tienen hijos, cuidan, obedecen, resisten y guardan secretos.

Uno de los aciertos de Voces del silencio está en no considerar el silencio simplemente como un vacío. Se puede callar por sometimiento, pero también por miedo, protección o supervivencia. Y no todo lo heredado necesita palabras. Las costumbres, los afectos y las maneras de relacionarse y cuidar pueden pasar de una generación a otra cuando ya nadie recuerda de dónde provienen.

La genealogía termina siendo entonces el punto de partida para una pregunta más inquietante: cuánto de quienes nos precedieron continúa en nosotros sin que lo sepamos. La Historia aparece detrás de esas vidas domésticas que pocas veces encontraron lugar en los documentos.

Por ese cruce de generaciones de mujeres, intimidad e Historia, Voces del silencio puede traer a la memoria, aunque desde un registro muy diferente, La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Hay una diferencia que vale la pena señalar: Clara deja sus cuadernos para que la historia familiar pueda ser reconstruida; las antepasadas de Marián no dejaron un relato semejante. También hay una cercanía con El corazón helado, de Almudena Grandes: son los descendientes quienes vuelven sobre una historia familiar que creían conocer y descubren cuánto quedó sin contar.

Tres veces te perdí, publicado por el Fondo Editorial Nuevo León, comienza en el otro extremo. Villanueva no tiene que remontarse varios siglos para encontrarse con el olvido. Lo ve avanzar en su padre.

La demencia va transformando al hombre que conoció y convierte la convivencia en una serie de despedidas anteriores a la muerte. Hay que aprender a tratar con alguien que sigue ahí y, sin embargo, comienza a perder lugares, personas y episodios de su propia historia. El título encuentra allí su sentido: a una persona se le puede perder más de una vez.

Villanueva pudo haber escrito solamente sobre la enfermedad. Habría sido otro libro. Prefiere intercalar esos años con la infancia y juventud de su padre, su esfuerzo por salir adelante, la familia que formó, los viajes y su arraigo en Aramberri. Las fotografías y los recuerdos le sirven para volver al hombre anterior al enfermo.

Ese movimiento sostiene Tres veces te perdí. La cercanía afectiva no impide que aparezcan el cansancio, el desconcierto y, después de la muerte, las preguntas que acompañan al duelo: qué habría sucedido si un síntoma se hubiera reconocido antes, si algo se hubiera hecho de otra manera.

Entre los libros dedicados a la figura paterna, Patrimonio, de Philip Roth, ofrece una referencia cercana: también allí un hijo acompaña la enfermedad del padre sin permitir que el paciente borre al hombre que fue. En Villanueva hay además una circunstancia particularmente dolorosa: escribe para conservar la historia de alguien que está perdiendo la capacidad de recordarla.

Sólo después de leerlos aparecen con claridad los puentes entre ambos libros. Garza trabaja su ficción con testimonios de gente que ya no existe; Villanueva, con recuerdos que todavía pueden salvarse. Una recurre a la ficción para internarse en los huecos del pasado; la otra ordena la experiencia vivida para que los últimos años de su padre no terminen convirtiéndose en toda su historia.

En ambos aparece también el cuidado. En Voces del silencio pasa de unas mujeres a otras y puede proteger tanto como limitar. En Tres veces te perdí hay que aprenderlo sobre la marcha: querer a una persona no basta para saber qué necesita cuando enferma.

Pero quizá la coincidencia más profunda sea otra: ninguno de los dos libros acepta que una persona quede reducida a lo último que sabemos de ella. Las mujeres que busca Marián son más que unos nombres y fechas en un archivo. El padre de Villanueva es más que el hombre ausente de sus últimos años.

Recordar a alguien también es admitir cuánto desconocemos de él. Entre lo que una familia dejó de contar y lo que una enfermedad consiguió borrar, estos dos libros hacen algo sencillo y necesario: vuelven a preguntar quién estuvo allí antes que nosotros. Totalmente recomendables.